domingo, 14 de marzo de 2010

TERREMOTO EN CHILE: UNA GRIETA EN EL CORAZÓN


El viernes 26 a las 21:30 horas nos acostamos con mi hija (9 años) a ver sus dibujitos que tanto le gustan. Comenzamos un largo periplo por diferentes canales hasta encontrar los de su pleno gusto. Mientras yo apago luz del techo y enciendo la del velador para quedar màs tenue y asì inducir el sueño de mi preciosa niña y de paso prepararme para una lectura tranquila y suave esperando ya la mañana del sàbado en la cual viajarìamos a Mendoza para regresarla con su mamà y su familia en Mendoza. Psamos unas semanas muy lindas en Santiago. Habìa viajado a buscarla el 13 de febrero y estuvimos en Santiago entre mi familia, el mampato, la piscina y sus nuevos amiguitos. Ese viernes antes de dormir preparè sus bolsos, sus regalos, recopilè toda su desordenada ropa y dejè todo preparado para salir a las 8 de la mañana del sàbado rumbo al terminal de buses y repetir como en tantas ocasiones el viaje por tierra que une Santiago de Mendoza a travès de la cordillera de los Andes. Esa noche me sentìa satisfecho por estas dos semanas de compartir con mi hija y saber que la proxima vez que nos volvamos a encontrar no serà tan lejana. Quizàs en un mes màs la irè a visitar. Un dejo de tristeza por dejarla en Mendoza y no estar con ella en el dìa a dìa. Saber que cuando regresè mirarè la habitaciòn y la sentirè vacìa, sin ruido, sin vida, sin sus juguetes y su ropa desordenada. Pero sumando y restando estaba acostado feliz de tenerla a mi lado y tocàndole su cabeza hasta dormirnos.
3:34 am del dìa sàbado del 27/02
Me despierto medio adormilado y sin entender mucho. En una fracciòn de segundo reacciono y noto que està temblando.Estamos en el 9 piso de un edificio de los años 70. Estoy tranquilo ya que sè que es algo normal en mi paìs. Pero de un segundo a otro el remezòn es tremendo, siento en mi interior que esto es grave; agarro a mi hija con un brazo y con el otro me voy sosteniendo de las paredes del pasillo que me lleva hasta la puerta de salida del departamento. Se mueve tan fuerte que me tira de una pared a otra, las sillas saltan, los cuadros se caen, los escritorios se van al piso, se cae la loza, sientes en ese momento que todo se derrumbarà. Mi compañera de piso ya està en la puerta bajo el marco con intenciones de bajar por las escaleras, entre chispasos de ùltima luz disponible logro apreciar còmo se mueven esas escaleras. Parecen gelatinas bailando en ritmos diferenets a la estructura del edificio. Mi hija me agarra con fuerza y grita desesperadamente "papi, papi, papiiii". Mi compañera reza sin parar, al tiempo que se corta la luz. Con la puerta abierta y tratando d eprotegernos bajo el marco de la puerta, escuchamos un griterìa infernal de todos los departamentos; "¡es muy fuerte¡, ¡no corran¡, ¡ papàaaa¡, ¡mamá¡: Todos gritan y la angustia generalizada se siente, se palpa. No se ce nada y sòlo escuchamos ruidos de sirenas, perros ladrando, escombros que caen en tu cabeza y todavìa sigue el movimiento. En un instante pienso còmo ponerme de la mejor manera para no aplastar a mi hija y que en caso que se caiga el edificio còmo hacerlo para salvarla. Son segunfos que parecen horas. No terminaba nunca. El griterìo, junto al fuerte movimiento y a la oscuridad aumentaban el temor y la desesperaciòn. Màs de 90 segundos de terror bastaron para destruir gran parte de nuestro paìs. Pero era onformaciòn que no barajaba en ese momento. Apenas termina el movimiento, comenzamos a bajar las escaleras. El corazòn a mil, algunos celulares y su luz nos mostraban el camino de salida. Una vez fuera del edificio me siento en el suelo junto a mi hija y unos 20 vecinos que ya estaban afuera (seguramente de pisos inferiores)a contemplar y asimilar lo que habìa pasado. En silencio sepulcral contemplàbamos el edificio y nuestro alrededor. Todavìa no pasaba la angustia de sentir la muerte junto a uno de tus seres màs querido. Ella quizàs no dimensionaba, mejor en todo caso. Poco a poco comenzaban a bajar los vecinos y ya eramos casi 50 afuera. Todavìa sin muchas palabras.Algunas lloraban, otros comentaban. Unas 10 niñitas de la edad de mi hija fueron puestas en un banco y abrigadas con frazadas mientras alguna de las vecinas subìa al 4 piso a buscar algo de comer. Comenzaba a sentir un poco de frìo ya que habìa bajado sin polera, sòlo con pantalòn. Ni siquiera zapatillas. Logro activar la radio a pilas de conserjerìa y comenzamos a dimensionar el hecho. 8,8 grados habìa sido el terremoto.Epicentro cerca de Concepciòn, 8,2 en Santiago. Recordaba Haitì y la devastaciòn que hubo con un sismo de 7.0. Aquì era mucho màs grande el asunto aunque mejor preparada las construcciones. Comienzo a subir con algunos vecinos apoyado en las linternas de alguno de ellos, mientras escuchamos gente atrapada en el ascensor. Llego mi departamento y al entrar veo todo en el suelo. La luz de una lena llena iluminaba el salòn y permitìa apreciar los libros y la loza desparramada por el suelo. Mi equipo de mùsica tambièn. Pero nada de eso importaba. Ahora habìa recuperado mi celular, me habìa vestido, habìa tomado abrigo para mi hija y una botella de agua. Entre tanto siento ganas de llorar por el momento sufrido y lo que le estarìa pasando a miles de personas en todo el paìs. Sabìa que mi familia estaba bien, lo presentìa pero ya era la hora de llamar. Pero antes debìa salir del departamento, no sea que haya otro terremoto. Lo que sì sabìamos era que venìan las rèplicas.Olvidè por comppleto que en el piso 13 vive mi abuela. Sin embargo me fui al 12 para habalr con la gente atrapada en el ascensor. Eran 2 chicos, una chica y 2 perros. Bajè a ver a mi hija, llaamr a mi familia, que fue imposible durante las primeras horas y junto a unos vecinos subimos a calmar la situaciòn a a ver còmo podìamos ayudar. Sin embargo, preferimos dejarlos en mano de los bomberos que llegarìan horas màs tarde. Una vecina del cuarto piso ofreciò su departamento para cuidar a los niños, ya que en caso de rèplica podrìan bajar màs ràpido. Yo aceptè pero me fui con ellos a su depto. Ahì estuvimos escuchando la radio y viendo TV en mp4, que hace pocos dìas se lo habìa comprado a mi hija de 9 años. Poco a poco comenzaba a dimensionar lo que ya habìa sentdo antes. Era algo grande. Esperamos el amanecer y cerca de las 7.30 am subì a mi departamento. El ambiente era raro, tràgico, silencioso. Acostè a mi hija a mi lado y vi la televisiòn durante horas. Ahora me entero de los maremotos y del desstre en el sur. Siento que nos libramos de algo grande. Que debo estar agradecido que familia, mi hija y yo estamos bien. Porque lo que estaba pasando en el paìs era algo mounstroso. El bus que salìa a las 9.30 a Mendoza obviamente no saliò. Ahora pensaba en còmo contactar a su madre ya que deberìa estar angustiadìsima sin noticias de su hija viendo las noticias sobre el 5 terremoto màs grande en la historia de la humanidad. Entonces decido ir al terminal de buses y para nuestra suerte consgio un hus con salida a las 14.00 pm. Vamos en camino a Mendoza (Argentina) y siento el alivio de dejar a mi hija sana y salva en su casa. Primera vez que valoro tanto el hecho de dejarla sana dònde su mamà, cosas que no te cuestionas habitualmente. Y ahora te logras percatar que en cualquier momento, minuto todo puede acabar. 2 minutos de la tierra movièndose pueden terminar con miles de vidad, sueños, etc. Vivir algo asì con tu hija te hace màs fuerte aùn pero te demuestra al mimso tiempo lo fràgil que eres. lo fràgil que somos como seres humanos ante la fuerza de la naturaleza. Te sientes impotente, te sientes nada. Quizàs un aviso para los soberbios y la soberbia en sì. Pensè durante algunos minutos que todo terminaba, gracia a Dios ya todo pasò. Bueno casi todo, las rèplicas aùn nos recuerdan dìa a dìa la gran catàstrofe que azotò a este Chile, acostumbrado a este tipo de situaciones y que saldrà adelante pero sin dudas con una gran herida que curar y que jamàs podrà ser olvidada. Una grieta en nuestros corazones.

Algunas imágenes para transmitir un poco elo sentimiento de ese 27/02
http://www.youtube.com/watch?v=ZVy5h2NADyA